OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN 

Fuera de entender toda ideología que pueda estar presente o quizás ausente en un conflicto entre el poder económico y el poder político, se ha dejado ver una escaramuza que plantea algunos desacuerdos entre estas dos dimensiones que atraviesan la vida pública y privada de México. Desde hace mucho tiempo fuimos testigos de la avalancha de improperios o de propaganda pagada y regalada por los poderes fácticos que trataban de impedir que AMLO llegase a sentarse en la silla grande. Inventaron series, novelas, relatos, todas esas cosas que son sinónimos de una política contraria a la que México precisaba tener en este momento de cambios y transformaciones.

No podemos negar que la realidad, que ya se vivía en México, era distópica o sacada de cuento de la dimensión desconocida. Ya era realidad un hartazgo que se observaba en el andar, en el caminar y en el pensar de la gente común y corriente. Sin duda el discurso de algunos políticos rayaba más en una diatriba desgastada de lo que sería México si seguían gobernando los mismos de siempre. 

A ellos, se les acabaron las soluciones, las recomendaciones, los supuestos acomodos de variables, que al conjugarse unas con otras, darían como resultado una solución mágica en convertiría a México en el país de Alicia, esa de las maravillas. Era demasiado énfasis en la negación de aceptar a AMLO como un candidato fiable a llegar a la presidencia de México. El uso de epítetos para denostar al personaje, que desde tiempo atrás venía sumando preferencias para lograr primero ser el candidato de su movimiento, para luego entrar al verdadero concurso de ser elegido presidente de México.

El trabajo de AMLO no fue sencillo y quien quiera hacerlo parecer fácil, no tendrá más remedio que aceptar que el sujeto de marras tuvo desde mucho tiempo atrás el ethos de una figura revolucionaria moderna que empató con su discurso la opresión que se hacía más evidente cada día que transcurría.

El rey de la plaza pública seguía pueblo tras pueblo arengando contra el sistema que estaba y que ya había logrado hundir a México en un pozo casi sin fondo. 

Todas las advertencias venidas de él resultaron ciertas como si antes las hubiese visto en una bola de cristal. Su discurso popular, no comunista ni socialista, eso se puede ver y analizar aparte, llamémoslo popular por tratarse de un discurso dirigido al pueblo y no a los que disfrutaban de los privilegios de un sistema en decadencia. Un México endeudado y vilipendiado en el concierto internacional como el país más corrupto del orbe. La suma, que a diario se acrecentaba, de antipatías del régimen Legión de Peña y sus antecesores, fue cimbrando una estructura de rechazo a la nueva clase política de Peña con el llamado de “El Nuevo PRI”. De pronto el surgimiento de una realidad oculta que por muchos años se tejió en México encubriendo la realidad vivida por el pueblo de México, empezó a emerger como una condición de limpieza para poder subsistir. Una realidad que pedía a gritos mostrase para exhibir lo que realmente estaba pasando en México. 

La sacudida no fue menor con el voto de más de 30 millones de electores que eligiera al “provocador” de la reyerta entre el poder económico y el político.

Las fuerzas que mantenían a México en el engaño fueron menguando a la misma vez que fueron exhibiéndose como parte de una complicidad oculta en los propios intereses de grupo que los cohesionaba.  

La “verdad” construida entre medias mentiras y medias verdades, matizaba una política de engaño donde el juego era ver quien se quedaba con más dinero del erario. Las comparsas del grupo que se asumía como comunicadores, no era otra cosa que la comparsa que le hablaba al oído al presidente en turno.

A la llegada de AMLO a la presidencia, el programa que sostuvo por años fue simplemente puesto en marcha. No hubo engaños ni malabarismos, simplemente el programa empezó a desdoblarse en todas las secretarías del nuevo gobierno dándole vida al Estado mismo. Hoy la reyerta que estamos observando no es ideológica, ni siquiera política, es simplemente materia para doblar las intenciones del presidente de continuar con la política de austeridad republicana o de pobreza franciscana. Llegó el momento en que los políticos y los empresarios mexicanos nos pidan perdón al pueblo de México, porque es por ellos el atraso que hoy vivimos. Más allá de la traición por sacar los dineros de México que les pertenece a los mexicanos, deben recular en sus intenciones de seguir con el golpe suave, pues el pueblo cada día más despierto, les hará pagar todo lo que ustedes le han hecho. Si queremos seguir avanzando debemos dejar la reyerta para las olimpiadas o para alguna otra competencia contra otros países. Así sea.

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